8x10 pulgadas
Al estilo del brazo extendido de Adán, que se acerca cada vez más al dedo de Dios en el magistral fresco de Miguel Ángel que preside la Capilla Sixtina, el brazo traspasado de Jesucristo abre su mano muy ligeramente hacia nosotros. Dependiendo de la orientación de la obra (ya sea vertical u horizontalmente), la mano podría estar extendiéndose hacia los cielos —como lo había hecho Adán (tal y como se ve aquí)— o bien podría evocar la forma en que Cristo aceptó voluntariamente la muerte en la cruz. En cualquier caso, la obra representa el precio de la verdad que, aunque aquí se presenta de forma algo romántica, fue un acto de gracia espantoso.